La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión en la geopolítica: Estados Unidos lanzó un ataque a gran escala contra Venezuela, capturando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, según anunció el presidente Donald Trump en Truth Social.
Esta operación, que incluyó explosiones en Caracas y otras áreas clave, ha generado incertidumbre en los mercados energéticos globales. Aunque no se reportan daños directos en infraestructura petrolera, analistas de firmas especializadas como Rystad Energy, Enverus y Wood Mackenzie evalúan los impactos a corto y mediano plazo en la producción de petróleo, los precios y el equilibrio de oferta en oil & gas.
Los mercados cerraron con el WTI alrededor de u$s57/bbl y el Brent cerca de u$s61/bbl. Esto evidenció un impacto limitado hasta ahora pese al riesgo geopolítico añadido. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero su producción ha caído drásticamente debido a sanciones, falta de inversión y mala gestión. Antes de la intervención, la producción oscilaba entre 900.000 y 1,1 millones de barriles por día (b/d), principalmente crudo pesado exportado a China e India, según estimaciones de Rystad Energy. Wood Mackenzie reporta niveles similares, alrededor de 900.000 b/d en 2025.
Con la captura de Maduro, analistas prevén un potencial aumento en la producción si se instala un gobierno pro-estadounidense. Un informe de Argus Media destaca la «incertidumbre creciente» sobre las exportaciones venezolanas, que podrían interrumpirse temporalmente pero luego «inundar» el mercado si se levantan sanciones. De hecho, un análisis de Geopolitics Unplugged sugiere que un cambio de régimen podría llevar a una sobreoferta, potencialmente bajando el precio del WTI a u$s50 por barril, similar a lo ocurrido en Irak post-2003 o Libia post-2011.
Sin embargo, a corto plazo, el bloqueo reduce el flujo de divisas extranjeras, exacerbando la inflación en Venezuela, como advierte Reuters. Rystad Energy advierte que una disrupción violenta podría reducir temporalmente la oferta, impactando los precios de crudos pesados y benchmarks como Dubai vs. Brent, ya que el mercado global dependería más de sustitutos como el canadiense o del Golfo de México.
El mediano plazo y la mirada prospectiva para la región
Sin embargo, a mediano plazo, un cambio de régimen con levantamiento de sanciones podría permitir una recuperación rápida: Wood Mackenzie estima que, con mejor gestión e inversiones modestas (u$s15-20 mil millones en el Orinoco Belt), la producción podría alcanzar 2 millones b/d en 1-2 años.
Rystad coincide en que el volumen venezolano es marginal globalmente (menos del 1%), pero su calidad pesada es única (más del 67% heavy), lo que podría generar volatilidad inicial en precios de heavy crude. Enverus, enfocada en datos de shale y upstream, resalta que cualquier interrupción afectaría refinadoras asiáticas y estadounidenses dependientes de Merey y similares, aunque el impacto neto en precios globales sería limitado en un mercado con riesgo de sobreoferta en 2026.
Los precios mostraron volatilidad inmediata post-intervención, pero el cierre del 2 de enero reflejó un impacto contenido: WTI alrededor de u$s57/bbl (con rango diario entre 56.60 y 57.93) y Brent cerca de u$s61/bbl. Analistas coinciden en un «riesgo premium» geopolítico modesto, ya que la producción venezolana ya estaba restringida por sanciones previas.
Rystad Energy predice un impacto limitado a corto plazo, pero riesgo si hay disrupciones prolongadas. Wood Mackenzie enfatiza que una pérdida temporal beneficiaría un mercado con demanda, pero un rebote post-régimen inundaría el mercado, presionando precios a la baja.
La mirada de la OPEP+, del cual Venezuela es miembro
El grupo OPEP+, del cual Venezuela es miembro (aunque exento de cuotas por sanciones), enfrenta ahora mayor presión. El núcleo de ocho productores se reúne el 4 de enero para revisar la política de suministro, con expectativas de mantener sin cambios la producción del primer trimestre de 2026, según delegados citados por Argus Media.
OPEP+ mantiene cortes voluntarios y grupales por 3,24 millones b/d hasta finales de 2026, pero una recuperación venezolana podría agregar oferta no controlada, exacerbando el oversupply proyectado para 2026 (hasta 3,8 millones b/d según IEA). Esto podría forzar extensiones de cortes o ajustes para defender precios, especialmente si Venezuela regresa al mercado con barriles pesados que compiten con grados de Arabia Saudita y otros. Analistas de Kpler y Rystad señalan que el mercado subestima riesgos geopolíticos, pero el “glut global” limita subidas sostenidas.
En contraste con la incertidumbre venezolana, Vaca Muerta representa un crecimiento estable y predecible. Según datos oficiales de la Secretaría de Energía, la producción nacional de petróleo alcanzó récords en 2025: octubre con 859.500 b/d (+15,5% interanual) y noviembre con 857.700 b/d (+13,6% interanual), con el shale aportando unos 580.000 b/d (alrededor del 68%). El promedio anual superó los 800.000 b/d, impulsado por expansiones de infraestructura como Oldelval y Vaca Muerta Sur (VMOS).