Europa atraviesa un cambio profundo en su política energética. Después de dos décadas de retroceso, la energía nuclear vuelve a ocupar un lugar central en la planificación continental.
La decisión surge de tres factores: seguridad energética, descarbonización y reducción de la dependencia del gas importado. La guerra en Ucrania, la volatilidad del mercado y las metas climáticas aceleraron un proceso que hoy atraviesa a las principales economías europeas.
La Comisión Europea incorporó a la energía nuclear dentro de la taxonomía verde bajo criterios estrictos. Ese paso habilitó financiamiento, redujo incertidumbre regulatoria y abrió una ventana para nuevos proyectos. Francia tomó la iniciativa con un programa que incluye reactores EPR2 y evaluaciones para futuras ampliaciones. El país opera la flota nuclear más grande de Europa y busca sostener su liderazgo tecnológico.
Europa del Este avanza con su propia agenda. Polonia firmó acuerdos para construir su primera central nuclear. República Checa, Eslovaquia, Hungría y Rumania ampliaron reactores existentes y analizan nuevas unidades. El objetivo es claro: reducir la dependencia del gas ruso y asegurar energía firme para su industria. Finlandia ya incorporó el reactor Olkiluoto 3, uno de los más modernos del mundo.
El Reino Unido también impulsa su política nuclear. El proyecto Sizewell C continúa en desarrollo y el país promueve reactores modulares pequeños como parte de su estrategia industrial. Los SMR ganan espacio en Europa por su menor inversión inicial, su construcción más rápida y su integración en polos industriales y proyectos de hidrógeno.
El movimiento no es uniforme. Alemania mantiene el cierre definitivo de sus centrales, aunque enfrenta un debate interno por precios, seguridad energética y emisiones. Austria sostiene su oposición histórica. Aun así, la tendencia general muestra que la energía firme vuelve a ser un componente estructural de la matriz europea.
El giro europeo tiene impacto global. La Agencia Internacional de Energía considera que la nuclear es clave para alcanzar emisiones netas cero en 2050. La Agencia Internacional de Energía Atómica confirma que más de cincuenta países evalúan SMR y nuevas tecnologías. La combinación de renovables, almacenamiento y energía firme se consolida como el modelo dominante de la transición energética.
En este contexto, la agenda europea vuelve a poner en valor capacidades que países como Argentina ya desarrollaron. La experiencia en reactores, la cadena de proveedores y los proyectos modulares ofrecen oportunidades para integrarse a una tendencia global que busca energía estable, baja en emisiones y con escala industrial. La transición energética necesita firmeza y previsibilidad. La nuclear recupera espacio porque aporta ambas condiciones en un escenario internacional cada vez más exigente.